Agrupación Deportiva Colmenar Viejo

06/06/2017

Cerrar el círculo


1ER EQUIPO - C.F. San Agustin de Guadalix A


Resultado: 2 - 1

Fecha: 04/06/2017

Hora: 11:30

Estadio: Alberto Ruiz

El Primer Equipo de la ADCV logra proclamarse campeón de liga en un partido que pasa a engrosar la lista de los grandes momentos de la historia del club, remontando con dos hombres menos al también ascendido San Agustín del Guadalix con un gol de Adri, de penalti, en el último suspiro.

Existen crónicas en las que uno "teme" volver a transitar por los lugares comunes que son característicos del estilo propio. Crónicas de partidos que parece que ya has contado, partidos en los que independientemente del resultado, parece que ya habías vivido antes tanto presencialmente como en el momento de plasmarlos letra a letra sobre un teclado.

El caso que nos ocupa es radicalmente el contrario. Es el caso de no querer que se te escape nada. Es el caso de que se te caigan las frases y las ideas de los bolsillos mientras empiezas a cantar el We are the champions con la piel de gallina, por ejemplo, o mientras alguien recuerda tal o cual anécdota de un año que ya quedaba para el recuerdo de los cercanos, pero que desde el domingo quedará para los anales de la historia del club.

Como antecedente necesario a este partido, se hace imprescindible indicar cómo el pasado sábado, a eso de las ocho de la tarde, se materializaba matemáticamente el ascenso de tanto del CF San Agustín del Guadalix, como de la AD Colmenar Viejo a Tercera División. Tras el resultado del enfrentamiento del UD San Sebastián de los Reyes B frente al Sporting de Hortaleza, el presumible duelo a cara de perro del Alberto Ruiz mutaba en una fiesta del fútbol regional, cambiando el dramatismo de jugar al filo de la temida cuarta posición por la fiesta que suponía una final entre los dos equipos, con los datos en la mano, que más méritos habían hecho sobre el verde durante la temporada, en la que el que menos consiguiera se llevaba un ascenso a categoría nacional. Ahí es nada si nos lo hubieran dicho allá por el mes de Agosto de 2016, cuando aún había mil y un dimes y diretes sobre la posibilidad finalmente evaporada de un ascenso administrativo a tercera división. Parece que hubieran pasado años de aquello.

La final. Toda final tiene un embrujo especial. Y ese embrujo corresponde en gran medida al fervor de los aficionados de los equipos en liza. Por parte del conjunto visitante, más de 200 personas acudieron al coliseo colmenareño dispuestas a dejarse la garganta mientras veían a su equipo coronarse campeón tras una campaña en la que desde el primer día dejaron claro que aspiraban a todo. Llegó un punto en la temporada en el que más de uno dudó de si el "San Agus" llegaría a perder algún partido. Huelga decir que el respeto hacia su trabajo es máximo.

Y enfrente la afición del Colmenar, club, y de Colmenar, pueblo. Orgullosa de ver a los suyos -tan suyos como pocas veces en la historia reciente- pelear por un título.  Convertida en marea roja, poblaron las gradas del Alberto Ruiz deseosos de llevar a su equipo el aliento que pudiera faltarles por una temporada que alguno pudo temer que empezaba a hacérseles larga.

Con todo dispuesto, ambos equipos saltaron al césped haciéndose mutuamente el pasillo por haber logrado el ascenso, ante el jolgorio popular, convertido ya en fe. Y la fe se convirtió en respeto absoluto y emoción contenida con el minuto de silencio guardado antes del inicio del choque en honor a una franja que se nos fue hace poco al cielo. Descanse en paz.

Llegó el inicio del partido. Y con él, fases de dominio alterno tanto para locales como visitantes. El primer uy del partido llegó por el costado, cuando tras una buena combinación franjirroja el esférico acabó a pies de Víctor quien puso un balón de caramelo a favor de la carrera de Anto, quien remató como mandan los cánones pero cuyo remate salió cercano al palo derecho. Y no fue gol, pero sin duda contribuyó a aumentar de revoluciones del partido, tanto eso como los intentos desde media distancia de Vivi, los caracoleos de Christian o un par de regates de Ceve que pusieron al público en pie. Tras ellos, Jose Manuel, Castillo y Oh capitán mi capitán Nevado se encargaban de labores a mitad de camino entre la contención y el suministro al último tercio del campo, según requería la situación, con Maillo y Edu, Master & Commander,  como líderes de la retaguardia, por delante de Jose Ángel.  El conjunto rival se repuso de los intentos con fogueo colmenareños y demostró en pocos minutos gran parte de los méritos de los que les hablábamos unos párrafos más arriba. Bastó con que su delantero centro ganara un par de duelos individuales para conseguir hacerse con el timón del encuentro, logrando cada vez mayor dominio geográfico del césped, ocupando las parcelas de verde más atractivas para sus objetivos, además de permitir construir puentes para su infantería hacia la portería colmenareña. Y, por si todo ello fuera poco argumentario, castigando el error ajeno sin piedad. Bastó con un mínimo desajuste en defensa para que el conjunto sanagustinense se adelantara en el marcador, tras recibir su atacante en franca ventaja dentro del área colmenareña. La escuadra local se repuso pronto del golpe y cambió el posible y lógico bajón anímico por un allegre ma non troppo que le permitía reubicarse no solo en el partido sino en el mundo, asido además a los canticos de esa marea roja que no gana siempre, pero que no se rinde nunca.

Tras el descanso ambos conjuntos quitaron el stand by a sus respectivas segundas unidades no solo para homenajear por su temporada a los que defendían sus colores sobre el césped sino para tratar de llevar el partido a buen puerto. Por parte colmenareña, Guillaume saltó en busca del olor a napalm por la mañana sustituyendo a Captain Nevado el Steven Gerrard de Colmenar Viejo, un tipo de esos tan necesarios en el fútbol real, que no sale en la tv pero pone el mismo tesón a la hora de entrenar con los babys de la escuela que a la hora de pugnar por un balón con tipos que le aventajan en estatura o envergadura. Además, Eric se incorporó al lateral al sustituir a Víctor, franjirrojo de corazón y sonrisa de esas que achinan los ojos, propios y ajenos, de puro sinceras. Ambos comenzaron a revolucionar el partido desde dentro, y cada vez eran más frecuentes las llegadas al área visitante, hasta que tan solo tres minutos después, se decretó el estado de optimismo en el Alberto Ruiz. Tras el lanzamiento de una falta por parte de Vivi, hasta tres opciones de sustos: remates e intentos de remate brotaron en el balcón del área visitante, hasta que Jose Manuel acabó cazando el balón, sacó la escuadra, el cartabón y la pólvora para, con todo el estadio levantado, soltar un zurriagazo que acabó poniendo el empate en el marcador y la sonrisa a la torre de la Basílica. Con empate a uno empezaba un nuevo partido, y San Agustín trató de explotar la vía del contraataque buscando los dominios de José Ángel, quien respondía con contundencia vinieran los avisos por la vía del balón parado o el juego continuo.

Pero no quedaba un camino de rosas (qué razón tenía el señor Mercury) hacia la remontada del Colmenar, por mucho que el gol de Lukita hubiera puesto ese objetivo en la zona de lo posible, y cercano a lo probable.

A los pocos minutos, el Colmenar sufrió la expulsión de Maillo al ver este su segunda tarjeta amarilla por una falta en el centro del campo, en una acción en la que tanto él como Castillo trataban de frenar una contra del equipo, en esta ocasión, rojigualda.  El banquillo local reaccionó de inmediato, dando entrada a Dani en el centro de la defensa, en sustitución de Vivi, quien abandonó el césped entre vítores de la afición. Dani, para no desentonar respecto a su tónica habitual, aportó tantas soluciones en el campo desde el mismo momento de su entrada como compañerismo fuera de él,  y permitió al Colmenar asentarse ante la circunstancia de jugar en inferioridad por un campeonato al que le restaban apenas unos pocos minutos con los que terminar de rematar el Master en Imprevistos en que se han titulado el Señor Pedro Pablo Díaz y su cuerpo técnico.

En primer lugar un portento físico como Ceve avisó al banquillo que empezaba a tener problemas musculares, por lo que el técnico decidió luchar el fuego con fuego  (permítanme que repita aquello de "como cantaba la rubia de The Cardigans") y dio entrada a su última bala de la temporada, Adri, del que hablaremos después. Con el minuto 90 campando sobre el marcador, el Colmenar vio como el tirabuzón debía ser aún mayor, puesto que Christian veía su segunda tarjeta amarilla tras una acción en el área rival, quedando el Colmenar con 9.

Pero el Colmenar se había puesto el mundo por montera. El Colmenar sabía que ese "Lo mejor es lo que queda por venir" que cantaba D. Javier Ibarra y había surgido algún día tenía que ser ya sí o sí. El Colmenar se subió al caballo ese del que habló un día John Wayne. El Colmenar decidió que llegaría a la meta derrapando, rodeado de humo, con polvo en la cara y diciendo "vaya viaje".

Y primero llegó un aviso cuando Dani hizo una espectacular chilena que la formidable defensa de San Agustín repelió. Minuto 92.

Y ocurrió después que el Colmenar dispuso de una falta lejana. Y el saque de Jose Angel fue tan perfecto que eliminaba la primera opción rival, la salida y blocaje del meta visitante. Y después el Colmenar se llevó la disputa. Y la defensa no conseguía sacar un balón que parecía imantado hacia su meta con el magnetismo de Anto, Adri y demás franjirrojos de la zona. Y el balón fue acunado por Castillo, el tipo con más minutos esta temporada del fútbol mundial, el alfa y el omega de tantas cosas, que lo acunó en su regazo con la maestría del que sabe que los niños no son adultos en miniatura ni el balón un simple trozo de cuero relleno de aire. Castillo fue derribado en el área. Y el señor colegiado decretó penalti.

Y entre debates sobre quién tiraba el penalti aparecía un alma inmóvil. Quien con solemnidad de la que tranquiliza le dijo a sus compañeros un simple "lo tiro yo". Pidió el balón a un rival y se situó sobre el punto de penalti. Mientras el mundo en ese instante, parecía girar a su alrededor, el permanecía con la misma calma con que Marla Singer y Jack veían al mundo caer demolido mientras sonaba "Where s my mind?" de los Pixies al final de "El Club de la Lucha". Besó el balón con la mayor delicadeza posible. Y como Billy Eliott al final de la cinta, respiró hondo antes de hacer su imperial entrada en "El lago de los Cisnes".

Pitó el árbitro. Y Adrián Bernabé, al que las lesiones y otras circunstancias nunca le permitieron despegar esta temporada, el entrenador del femenino sub13, el chico criado desde siempre en la cantera de la Agrupa, el niño de Marisa, el que supo estar a la altura tanto cuando era uno de los referentes de su generación en la cantera como cuando le tocó tragar banquillo en etapas posteriores, el que un día dio uno de los peores sustos de su corta vida al estadio Alberto Ruiz cuando un terrible golpe sobrecogió a todos los presentes. En definitiva, uno de los que mejor podría representar a todos sus compañeros y a todos los futbolistas. 

Adri, chutó. Y el balón fue en una dirección contraria al portero.

Y fue gol. Uno de los de nuestras vidas. Sin duda.

Y fue el gol que sumado a tantos otros goles importantes de sus compañeros, a tantas paradas de porteros como Pablo y Jose Ángel que sufrían esos "black friday" tan demoledores para ellos, a tantas horas en la sombra y el frío, al sol y al calor en pretemporada, a tantas horas de sacrificar tantas cosas y tantos ratos, a tanto controlar los pequeños detalles, a tanto respeto a los rivales, a tanto respeto a los árbitros, a no sentirse mejor que nadie sin por ello sentirse inferior a ninguno...  el gol de Adri terminó por cerrar el círculo que venía trazándose hace mucho tiempo.

Ahí quedan las crónicas de esta temporada. Y de la anterior. Y los recuerdos de años y equipos anteriores.

Y ahí explotó la euforia de ver a un equipo campeón. Plagado de chicos de Colmenar junto a otros que creyeron en el proyecto, de un técnico llamado Pedro Pablo Díaz que pese a su juventud siempre tuvo muy claro tanto qué intentaría hacer siempre su equipo como qué no haría nunca, de un cuerpo técnico multidisciplinar empeñado en crear una isla de profesionalismo dentro de un océano amateur. Y de las familias, y amigos, Y mucha gente más en la sombra.

Todos ellos disfrutaron esa euforia de ver al Colmenar, con todas las letras, en dorado por el 50 aniversario, entrar en su libro de historia como Campeón de liga 2016-17.

Y sobre todo, muchos niños de la Escuela y del pueblo. Muchos muchos niños celebrando el gol con los que un día tuvieron sus mismos sueños.

Jugaron: 1200 personas que abarrotaron el Alberto Ruiz. Gracias!!

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