Cuando Todo Vale Mas Que Tres Puntos

Femenino


13/03/2014

Cuando todo vale mas que tres puntos

FEMENINO - Madrid C.F. Femenino B


Resultado: 0 - 1

Fecha: 12/03/2014

Hora: 20:15

Estadio: Alberto Ruiz

Choque de trenes que acabó con ovación cerrada del estadio. Para quitarse el sombrero

Miércoles. Jornada en día y horario de “Champions League” con equipos de alta alcurnia que rindieron pleitesía como si de un choque continental se tratara, haciendo que el ambiente fuera diferente y especial. Y es que no todas las jornadas se recibe al mejor equipo de la liga sobre el papel, invicto en el campeonato y con unos números apabullantes con más de 200 goles a favor y menos de 10 encajados con 11 jornadas pendientes para la conclusión: el temido (Real) Madrid CF Femenino.

Que el partido tuviera que ser aplazado por concurrencia de varias de sus jugadoras con las selecciones autonómicas lo dice todo del nivel que se presenciaría durante el partido, con el añadido de un Colmenar Viejo con su nueva condición de “matagigantes”, obteniendo recientes resultados muy favorables frente a equipos punteros de la tabla clasificatoria y con una progresión exponencialmente ascendente.

¡¡ Y vaya partidazo !! Los más escépticos o desconocedores de la categoría o de ambos equipos podrían llegar a pensar que sería un “pasacalles” para las Madridistas, un mero trámite que debían afrontar con otra nueva goleada sin sobresaltos... Y qué diferente fue sin embargo todo, ya que las Colmenareñas las hicieron sudar sangre, sudor y lágrimas durante el transcurso íntegro del encuentro.

Y eso que en el primer acercamiento que tuvo el Madrid, mediante un saque de esquina que nadie acierta a despejar, Carol batiría a placer la puerta serrana y pondría por delante a las de Hortaleza en el marcador. Un gol que a la postre valió su peso en oro, ya que desde el minuto 4 en el que ocurrió, no volverían a cantar y celebrar ninguno más, algo a lo que no están acostumbradas y que debe hacerlas valorar cada partido y sobre todo al rival que han tenido enfrente.

Lo que deja a las claras el soberbio, magnífico, excelente, majestuoso, espléndido, maravilloso y sublime partido realizado por todas y cada una de las “guerreras” Colmenareñas, que se dejaron la piel en el tapete de juego desde antes de empezar y a buen seguro aún siguen exhaustas y fatigadas con el esfuerzo realizado, donde como señal inequívoca, al acabar el partido, las jugadoras de ambos equipos cayeron rendidas al suelo tanto para estirar como para recuperar el aliento.

Y es que jugar frente a las “violinistas” del Madrid desgasta mucho tanto físicamente como mentalmente, a sabiendas de que hay jugadoras que participan en Liga Nacional y otras en las selecciones autonómicas, frente a nuestras modestas pero que no por menos inferiores, serranas. Pero... ¿quién dijo miedo? La entereza, concentración e intensidad demostrada no deja lugar a dudas de que ambos conjuntos se vaciaron en el campo, dando lo mejor de sí para doblegar cada uno a un rival que exponía sus armas y que llegaba con peligro en un “toma y daca”  digno de unas eliminatorias de fases finales a tumba abierta. Sin nada que perder, pero con mucho que poder ganar.

El Madrid tuvo que recurrir a acumular mucho talento y reunir a sus “jugonas” para crear superioridad en el centro del campo, conocedoras del potencial Colmenareño en esa parcela y que les supuso un control del juego en varias fases del partido mediante mucha asociación y movilidad de sus jugadoras. Pero como muchas veces se ha visto, el tener la posesión del balón no indica que se tenga controlado el partido. Conseguían llevar el balón a zona de tres cuartos pero no encontraban el menor resquicio por donde poder penetrar la infranqueable retaguardia de las franjirrojas, con sus 4 bastiones de defensas y la “Mariscal” Irene por delante de ellas.

Como si de un ejército acompasado se tratara, los movimientos defensivos, las ayudas permanentes y las coberturas se sucedían una y otra vez, hasta el punto de que la única opción pendiente del equipo visitante se basaba en tiros desde mediana y larga distancia que permitieron una sobresaliente actuación de la portera Eva.

Por si además no fuera suficiente el trabajo defensivo realizado, el Colmenar Viejo no podía guardarse nada frente a su invitado de lujo, y demostrando mucha personalidad, sin ningún ápice de inferioridad, se disponía también a “sobar” el balón, intentando gustarse cada vez que recuperaban la posesión del esférico. Aunque no osbtante, las mejores ocasiones llegarían al contragolpe en balones perfectamente filtrados por las dos Torres de Babel del centro del campo Colmenareño; Anita y Ashley para las carreras de Inés Costa, a la cual se podría asemejar con una gacela debido a su velocidad y potencia en carrera.

Este aspecto provocó que en la segunda parte el Madrid reforzara su línea defensiva para mayor cautela por lo presenciado, ya que las chicas del Colmenar Viejo pisaban zonas de peligro con mayor frecuencia de la que habrían deseado las visitantes.

El cansancio acumulado en las jugadoras y las sustituciones produjeron un doble efecto en el partido: el Madrid cada vez tenía menos posesión de balón, disminuyendo sustancialmente sus llegadas al área; y por contra, un Colmenar Viejo que sin quitarse el mono de trabajo decidió dar un paso adelante, mostrar todas sus cartas sobre la mesa y argumentar, como si de la batalla de las Termópilas entre Espartanos y Persas se tratase, que: "Esto es Colmenar, y nosotras somos sus guerreras."

Ese espíritu aguerrido, luchador y valiente del Colmenar Viejo hizo que el partido estuviera vivo en todo momento, incluso llegando a encerrar al todopoderoso conjunto Madridista en su último cuarto de campo en los quince minutos finales y disponiendo de hasta 5 ocasiones de gol consecutivas en una fase del partido no apta para cardíacos.

Primeramente, porque la única ocasión clara del Madrid en la segunda parte vino por un zapatazo desde casi 30 metros que golpeó violentamente la cruceta de la portería defendida por Eva, haciendo temblar los mismos cimientos del estadio, y alterando las lecturas de algún sismógrafo cercano y dejando una gran exclamación entre el público, además del susto en el cuerpo, ya que era una ocasión que casi cerraba el partido.

Sin embargo, todos los terremotos tienen sus réplicas, y éstas son las que darían las jugadoras del Colmenar Viejo para intentar someter al Madrid. Como pueblo cantero y conocedor de la Geología, el “epicentro” del terremoto estaba a punto de desatarse sin mesura y notarse con mayor intensidad por todos los rincones.

Inés Costa tuvo dos manos a manos que acabaron en saque de esquina. Esos mismos saques de esquina fueron rematados y desbaratados uno bajo la línea de gol y otro blocado por la portera visitante. Y faltaba la colisión definitiva, el seísmo más contundente propagado por las Colmenareñas a las Madridistas.

Después de una gran jugada trenzada por las locales, en el que movieron el balón de lado a lado esperando que apareciera el espacio, el balón le llegaba a Ashley en la frontal del área, que tras un recorte sobre su defensora, soltaba un latigazo certero y venenoso que presagiaba el gol del Colmenar Viejo. Con todos los presentes de pie sin poder tomar asiento, en estado de éxtasis cerca de lo apoteósico, sobrevoló la portera haciéndose valer de sus más de 650 músculos que posee su cuerpo para tocar con el filo de sus dedos el balón que entraba cercano a la escuadra derecha, en una estirada espectacular que bien la podría hacer internacional absoluta.

Ante semejante oleada de pánico de las visitantes, viendo que era la primera vez que podían doblar la rodilla y morder el polvo, astutamente decidieron jugar “al otro fútbol” retrasando los saques a balón parado y perdiendo tiempo de diferentes maneras. Ese tiempo que preguntaban reiteradamente al árbitro y que deseaban que pasara lo más rápido posible ante el vendaval Colmenareño que hubiera puesto un empate más que justo en el marcador del estadio.

Y es que se hizo cuanto menos extraño, que una superpotencia del fútbol que está acostumbrado a ganar y ganar, tuviera que pedir la hora y que se viera empequeñecido por un equipo de tal grandeza como el Colmenar Viejo, que si antes gozaba de cierto respeto, ahora se va a ver obligado de gozar no solamente de ese respeto, sino de un prestigio absolutamente merecido.

Por lo tanto, ha quedado más que demostrado que no hay etiquetas de equipos pequeños, y que mientras haya un balón rodando por medio de los actos de un partido, los sueños permanecen vivos e inalterables.

Ese sueño que a buen seguro no pararán de perseguir partido tras partido las jugadoras del Colmenar Viejo, ya que el éxito sin honor es el mayor de los fracasos, y hoy, se ha honrado al fútbol en su máxima expresión con posiblemente los dos conjuntos que mejor fútbol despliegan del campeonato y con un derroche de ganas, amor propio y solidaridad por un equipo y por las compañeras que permite que sigamos amando este deporte.

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