En Primera Persona Y En Plural

1er Equipo


21/11/2017

En primera persona y en plural

1ER EQUIPO - Atlético Pinto A


Resultado: 1 - 1

Fecha: 19/11/2017

Hora: 11:30

Estadio: Alberto Ruiz

Un espectacular cabezazo del portero colmenareño Sebas a segundos del final certifica un emocionante empate frente al Atlético Pinto que permite al Colmenar volver a sumar en su casillero.

Despertó sobre las nueve y cinco de la mañana con una única idea en la cabeza. El corazón palpitaba pensando en lo que ocurriría apenas un par de horas después en su campo, pero antes quedaban un par de cosas por hacer. En primer lugar, desayunar el colacao con galletas que le prepararía mamá, en segundo lugar terminar los pocos deberes de "science" que le quedaban del cole para el lunes si quería ir al partido. Una vez consumados esos pasos previos, y ya vestido su padre y él fueron hacia el coche. "Llevas la bufanda?? que en la grada ya sabes que hace frío hasta que da el sol!" inquirió su madre desde la cocina. Se dio media vuelta para coger la braga y ponérsela.

El aparcamiento estaba con bastantes coches cuando llegaron él y su padre. Accedieron al estadio y aquello no estaba a rebosar, lo cual hizo algo de mella en su ánimo "Ya sabemos que la afición de nuestro equipo va llegando según avanza la mañana" le dijo el padre, lanzando un guiño cómplice a su hijo. Los equipos ya estaban calentando, y el Colmenar, bajo la atenta mirada de nuestra protagonista comenzaba a arrancar los motores sobre el césped, mientras que los lesionados y no convocados de la plantilla buscaban una rendija de sol en la valla junto al acceso que les proporcionara un punto extra de calor. Los equipos se retiraron a los vestuarios y a los pocos minutos sonó el himno. Nuestro protagonista se dio cuenta que a la gente le daba un poco de apuro cantar la letra, como le pasaba a él, por lo que lo cantó por lo bajini, pero el corazón le palpitaba, no dejaba de ser el mismo himno que el suyo,  el escudo que defendían los jugadores de ahí abajo era el suyo e incluso su entrenador era parte del equipo. "No tiene la fama del himno del Liverpool, pero yo este lo entiendo, y me gusta" pensó para sí mismo.

Cuando empezó el partido lo primero que vio fue una ocasión para el Pinto, que Sebas acabó desviando a córner in extremis. El susto le hizo agarrar el abrigo de su padre, quien sonreía de ver como su hijo estaba desarrollando un amor por el fútbol que él, a su edad, nunca había sentido. Los minutos iban pasando y llegó la primera oportunidad clara para el Colmenar: Tras un córner, el rival despejó en semifallo y el balón acabó cayendo a Maillo, quien no lo pensó dos veces y tras acomodar el cuerpo soltó un zurriagazo al larguero que puso en pie a la grada, con nuestro protagonista ya en pie. La cosa no acabó ahí, y el Colmenar llegó a disponer del balón bajo los palos de la portería visitante, llegando a rematar en una jugada en la que tanto a nuestro protagonista como a su padre no les quedó ni un "vamos!" por pronunciar, como tratando de enviar su fuerza a los franjirrojos que pugnaban porque ese balón acabara en el fondo de la portería. Finalmente eso no ocurrió, pero el Colmenar se mostraba cada vez más cómodo sobre el terreno de juego, sabiendo alternar el ritmo necesario con la pausa adecuada, sabiendo marcar el ritmo que más le beneficiaba. La primera parte finalizó con empate a cero, y el padre, viendo a su hijo meditabundo acertó a decirle "Es verdad que aún vamos empate a cero, pero a mí me parece que estamos jugando mejor que bien!" El niño recobró la sonrisa. No tanto por lo que le había dicho el padre, quizá también, pero sobre todo por el "vamos" y el "estamos". Eso era. Papá hablaba incluyéndose él. Primera persona, en plural. Y al chico le gustó, se sintió que ambos, que todos, estaban en el mismo equipo. Miro las letras rojas de su abrigo. "ADCV". El mismo abrigo que tenía todo el club. Ser parte de algo tan grande es maravilloso.

Tras el montado del descanso, el sol empezó a asomarse hacia la grada del campo, y nuestro protagonista volvió a su asiento tras cruzarse con Rober y Hamsa, los utilleros, y saludar a dos de sus compañeros de equipo. Cuando el árbitro dio inicio al segundo tiempo, le dijo a su padre si ya se podía quitar la braga, a lo que el padre asintió. Al despojársela notó como su padre le decía "mira mira!" y al volver la vista al campo se encontró con Jose Manuel, Vivi y Sergi a punto de entrar en el área del Atlético de Pinto, en la primera ocasión de la segunda parte. Su Colmenar había salido muy enchufado y además la grada cada vez estaba más presente, tanto en número como en decibelios. Cada vez más niños de la escuela como él se dejaban ver en los alrededores del banquillo local y advirtió a algún compañero de equipo por allí. Preguntó a su padre si podía bajar y le dijo que no, que se quedara allí con él, que se podía llevar un pelotazo, y que además, los goles se veían mejor desde su asiento. "Jo. Pues vaya m" pensó él. Pero hizo caso. Su Colmenar había salido muy enchufado en ataque, cosa que a él le encantaba, pero no es menos cierto que había que estar bien preparado en defensa, no permitir ninguna rendija. Pero esa rendija apareció, y tras un saque de banda, el Pinto colgó el balón al área y su delantero centro remató. 0-1. El gol sacó la rabia que llevaba dentro. "Joder!" exclamó en voz alta. Lo que le supuso el reproche de su padre acompañado de una mirada inquisitoria. "Se me ha escapado!". Lo peor no era la regañina del padre. Lo peor era el gol en contra a su equipo. Eso era lo que le dolía de verdad en ese momento.

El partido fue avanzando y el pasar de los minutos comenzó a traer consigo los cambios, tanto de personal por parte de ambos equipos como de contexto. El partido comenzó a vivirse cada vez más en las áreas, lo que suponía una buena dosis de sobresaltos. Nuestro protagonista se levantó a aplaudir los cambios de Vivi, Ivo y Castillo, quienes fueron sustituidos por Castro, Dani y Adri, que volvía a los terrenos de juego tras lesión. "Mira papá, el del penalti del año pasado!" dijo con una sonrisa en la boca. El Colmenar ya estaba prácticamente instalado en el terreno de juego visitante, y un rápido vistazo al marcador le permitió a nuestro protagonista advertir que estábamos enfilando el final del encuentro. Seguían cayendo ocasiones para el Colmenar, Anto, Castro, otra vez Maillo tras un córner botado por Sergi....pero la pelota no terminaba de entrar. El peor susto quedaba por llegar, cuando ya en tiempo de descuento el Pinto se plantó en el área franjirroja y dispuso de hasta dos remates consecutivos para poner el 0-2 que hubiera acabado con las esperanzas locales de, al menos, rascar el empate. Pero entre Víctor y Sebas supieron controlar la situación.  "Vamos, que se puede!"  dijo a su padre, y el padre le sonrió. "Bájate si quieres con tus amigos anda". Mientras el niño bajaba la escalera, su padre vio como el balón terminaba pasando por Oh capitán mi capitán Nevado, por Adri, por Huertas, y como la jugada acababa en córner. Seguramente sería la última opción. Volvió a mirar a su hijo en la valla situada junto al banquillo donde cada vez había más gente, mientras con el rabillo del ojo percibía una figura de más de metro noventa dirigirse hacia el área.

Abajo, el niño no paraba de animar con sus amigos del equipo. Cuando alguien lo dijo "Mira, que sube el portero!", lo que terminó por desatar la catarsis y el "vamos" era la palabra más común. "Por favor, que sea gol, por favor Dios, que sea gol, que me voy a portar bien toda la semana, que no voy a hablar en clase, por favor que sea gol" se dijo a si mismo mientras cruzaba los dedos y observaba a Sebas, nuestro portero, subir a rematar el córner. Se empezaron a escuchar palmadas de ánimo en la grada. Sergi colocó el esférico e hizo la señal. El balón voló perfecto al corazón del área, y ahí apareció Sebas. A su gigantesca envergadura no solo añadió un portentoso salto, sino el gesto técnico preciso, marcando los tiempos y ejecutando el remate con la frente tras un giro de cuello que lo hizo imparable. Y todo el estadio estalló en alegría. Nuestro protagonista y todos sus compañeros gritaron gol como pocas veces antes, como solo se cantan los goles importantes de verdad: vaciando el pulmón, arriesgando a la afonía. Deseó saltar al césped a abrazarse con esos jugadores que pese a ser mucho mayores que él no dejaban de ser hermanos de franja como ya había hecho precisamente tras aquel penalti de Adri del año pasado. Y fue tan feliz como aquel día en esos instantes.

Su padre lo observaba desde la grada, aplaudiendo aún. Ver todos aquellos abrazos y alegría le hicieron entender que era lo que a su hijo le había enganchado del fútbol.

El lunes en el recreo del cole, muchos niños hablaban "de lo de Sergio Ramos" en el derbi madrileño, pues lo habían visto por televisión. Él les dijo que lo mejor del fin de semana había pasado en el partido del Colmenar. Y cuando se lo contó, un compañero le dijo que de qué había servido ese gol. Y él le dijo que "Ganamos un punto". Y dijo ganamos. En primera persona, y en plural. Detalles.

Jugamos: Sebas, Huertas, Víctor, Ivo (Dani), Maillo, Castillo (Adri), Nevado, Jose Manuel, Sergi, Vivi (Castro) y Anto. Y toda la escuela de la ADCV y sus familias y amigos. 

 



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