Agrupación Deportiva Colmenar Viejo

EL NUMERO 12


El número 12 A.D. Colmenar Viejo

Rompamos el hielo.


Hola, permítame que me presente. Soy ese del abrigo rojo con gafas que alguna vez se ha cruzado con usted por el Alberto Ruiz, posiblemente me ha visto pidiéndole un café a Julio o a Adela en el bar.

Trabajo en este club desde hace algún tiempo. Es más, si usted tiene alguna relación con el Juvenil A, alguno de los equipos de cadetes o con el Femenino Senior igual le suena mi cara.

Pero vuelvo al principio. Permítame que me presente. Me llamo Juampe y tengo 32 años.

Y me encanta el fútbol.

Y me encanta ver que nuestro equipo, el de la camiseta blanca con una raya roja, gana.

Creo que no me equivoco si pienso que usted y yo tenemos ya al menos una cosa en común. Me jugaría el meñique a que usted, que lee estas líneas, coincide conmigo en al menos una de esas dos frases anteriores.

Y permítame también darle las gracias por dos cosas, una mucho menos importante que otra. Primero, y menos importante, por seguir leyendo estas líneas. Y segundo, por tener un hijo o una hija jugando en nuestro club. Y por ser usted parte del mismo.

Dirá ust..perdón. Me voy a permitir tutearle ya. Imagino que a estas alturas te preguntarás dónde quiere ir a parar este texto y esta sección. El texto solo tiene por objetivo romper el hielo y la sección lo que pretende es que tu como padre o madre y nosotros como club, estemos más cerca.

Para eso sois el jugador número 12. De ahí el nombre de la sección.

Yo creo que realmente lo sois. Y se que no soy el único. El que piense que el resultado de lo que ocurre en ese rectángulo verde (o de tierra) durante 90 minutos solo depende de lo que hacen en ese tiempo veintidós jugadores, un árbitro y dos entrenadores, para mí, con perdón, va de culo. De ser así, no habría incertidumbre. Sin incertidumbre, no habría fútbol, ni deporte.

Y a mi que me quiten el mar, pero el fútbol que ni el viento lo toque.

En los clubes pequeños, que somos pequeños pero no tontos, también lo sabemos. Por eso un entrenador va cambiando ejercicios, por eso hay preparadores físicos como Ibáñez, Luciano o Alberto, por eso hay fisios como Nacho, Leny o Elias, por eso hay psicólogos deportivos como yo. Cada uno ponemos un granito de arena.

Vosotros, padres y madres, ponéis el más importante. Los futbolistas. Pero además vosotros también estáis en los entrenamientos, analizáis, opináis, interactuáis con árbitro o rival. A ver quien me convence a mi ahora que no sois el número 12.

Aquí hablaremos sin tapujos de todo esto y de lo que a vosotros os apetezca hablar. Podéis mandar un mail a escuela@adcolmenarviejo.es o un día que nos crucemos en persona proponerme un tema que os parezca interesante.

Y me comprometo públicamente a invitar a un café en el bar a todo el que proponga un tema para esta sección.

Si el fútbol es una pirámide, se sustenta por una base. Y sin esa base, se hunde todo. Si el fútbol vive es principalmente por vuestros hijos, y por vuestro esfuerzo de apuntarlos a la agrupa, llevarles o traerles, comprarles botas en la medida de las posibilidades de cada uno para que sueñen mientras juegan, etc.

Qué menos que invitarte a un café por ayudar a que el fútbol viva y a que tu hij@ disfrute.

Foto: Hamsa Ouardirhi/Juan P. Nonay

Quince minutos de primer café.


En primer lugar, daros las gracias a todos por la buena acogida que le habéis dado a la sección. Hemos recibido varios correos electrónicos relacionados con diferentes aspectos interesantísimos, y que sin duda confluyen en el sentido de esta sección: favorecer todo lo posible la experiencia de nuestros y nuestras futbolistas del Colmenar. A todos ellos se les ha contestado personalmente, pero desde aquí vaya de nuevo nuestro agradecimiento hacia sus autores por haberse lanzado a escribir.

En algunos de los correos se mencionaban situaciones concretas en las que ya se está trabajando desde la dirección del club también de manera concreta, y más adelante los trataremos aquí de manera global. En otro de ellos, uno de vosotros proponía como tema la figura del padre como influencia en el desarrollo deportivo y personal en los hijos, especialmente dentro del recinto deportivo. De eso vamos a hablar hoy aquí.

Evidentemente, podríamos extendernos muchísimo para hablar de ese tema con propiedad, incluso escribir un libro entero y quedarnos cortos. Podríamos hablar sobre el triángulo jugador-entrenador/club-padre desde una perspectiva cognitiva (qué pensamos), emocional (qué sentimos) o conductual (qué hacemos). Para tratar de concretar, nos centraremos en esto último.

Lo habitual en este punto sería hacer una lista de conductas recomendables. Lo habitual, sí, y lo fácil tanto para mi como “escritor” como para ti como lector. Yo lo hago en diez minutos, tu lo lees en cinco, ambos nos curamos en salud, pensamos que hemos cumplido y a otra cosa mariposa. Cualquiera pone (pueden comprobarlo) en Google “padres de niños futbolistas” y se encuentra varios artículos de psicólogos o educadores en ese sentido. Y que nadie me malinterprete, por favor. Tengo todo el respeto del mundo por sus autores, todos los textos son correctísimos, todos están hechos con la mejor intención del mundo y todos tienen el mismo objetivo: enriquecer la experiencia de los niños.

Pero. Siempre hay un pero. En mi opinión, la mayoría de ellos invitan a poca reflexión. En el Número 12 no queremos ser la “Policía del Pensamiento” que aparecía en 1984 de Orwell, cada uno educa a su hijo lo mejor que puede y sabe. Lo único que vamos a permitirnos es invitaros a que saquéis vuestras propias conclusiones si, y solo si, os apetece. Son quince minutos de lectura aproximadamente (y en este punto ya van tres), se lo prometemos. De ahí el título de este artículo. Vamos al lío.

Una semana antes de recibir ese correo, conversaba tranquilamente con el padre de uno de nuestros jugadores del Juvenil A en las instalaciones del club. En la conversación salió precisamente el tema del comportamiento de algunos asistentes al fútbol (a cualquier nivel) y ambos llegamos a un punto común, imagino que compartido también por ti, que lees estas líneas: con los pequeños futbolistas de por medio se ven cosas que ese mismo niño, en otro ámbito, no vería.

Imaginemos por un momento a dos niños y dos niñas de la misma clase de un colegio cualquiera. Tienen 9 años. Cuando salen de clase a las cuatro y media, cada uno merienda algo y ese día, pongamos que miércoles, cada uno tiene una actividad extraescolar.

El primero, al que llamaremos Pablo, va a clases de inglés a una academia. En su familia piensan (probablemente de manera acertada) que le va a venir bien tanto para el futuro como para el presente manejarse bien con ese idioma y quieren que tenga un refuerzo a lo que hace en el cole. Además hace amigos fuera del cole.

La segunda, Esther, va a clases de piano. En su familia piensan (Probablemente de manera acertada) que una actividad así puede ayudarle a desarrollar su creatividad y le dará una cierta culturilla. Además se lo pasa bien.

La tercera, Gloria, va a gimnasia rítmica. En su familia piensan (Probablemente de manera acertada) que eso la ayudará a mejorar su agilidad y coordinación, y así hace algo más de ejercicio que solo con la Educación Física del colegio. Además se lo pasa bien y hace amigas fuera del cole.

Finalmente, Alexis. Juega al fútbol. En su familia piensan (Probablemente de manera acertada) que eso le ayudará a mejorar su agilidad y coordinación, así hace algo más de ejercicio que solo con la Educación Física del colegio y como al 90 % de la población de su edad le encanta el fútbol. Además se lo pasa bien y hace amigos fuera del cole.

Como vemos, no solo comparten clase del cole. Todos ellos tienen un contexto familiar que quiere potenciar su desarrollo.

Y ahora, imaginemos que llega un domingo cualquiera.

Manos piano niño

La familia de Pablo baja al Cortinglés de Nuevos Ministerios. Según aparcan el coche en la explanada exterior, un guiri con una camiseta del Real Madrid les pregunta en inglés por el Bernabéu. El papá de Pablo, orgulloso de que su hijo vaya a Inglés le dice a Pablo que le diga que tiene que bajar a la Castellana y tirar to recto a la izquierda y lo verá. Pablo se hace entender entre gestos y palabras. Pero el inglés le pregunta, así como hablan los guiris de rápido: Do you know if the tour is available today or should I come back tomorrow? Pablo se encoje de hombros. Su padre le pregunta qué le ha dicho, y él dice que no le entiende, que habla muy rápido. El padre empieza a decirle, elevando el tono, que manda narices, que si para eso paga el unas clases de inglés. Algunos peatones contemplan la escena. El guiri alucina, y se va por donde le ha dicho Pablo, no sin darle las gracias. Well, That’s Ok, thank you dude! Pero nuestro pequeño protagonista se queda algo abatido. “Es que manda xxxxnes Pablo...” se oye a su padre.

El mismo domingo, Esther y sus compañeros de la Escuela de Música dan un concierto. Esther es la cuarta del programa y va a interpretar la canción “The entertainer” famosa por ser la banda sonora de la película “El golpe”, a cuatro manos con su profesora, Conchita. Cuando salen al escenario, la familia está superorgullosa. Pero a principio del segundo estribillo, la mamá de Esther detecta que está ligando poco las notas, que parecen picadas. Como ella en su día tocaba el piano y lo sabe de sobra, no duda un segundo en levantarse y gritar “NOO! Asi no Esther! Es Re-Re sostenido-Mi-Dooo, pero el Mi y el Do van ligados! Que parecen picadas!!” Esther se bloquea y se pierde. Le sudan las manos. Deja de tocar. La profesora sigue manteniendo el ritmo del acompañamiento y le dice por lo bajini, “Tu tranquila. Respira e incorpórate en un cambio de compás” Llega el cambio de compás. Esther entra. Juntas, terminan de interpretar el tema. Aplausos en la sala. Pero la sensación que tiene Esther no es de satisfacción, sino de alivio.

Mientras, en un polideportivo, Gloria y sus compañeras de gimnasia rítmica están en una competición. Cuando llega su turno y saltan al tartán, las familias aplauden. Las niñas se colocan en sus posiciones. Suena la música, la banda sonora de una película de Disney. Alguno de los presentes empiezan a hablar en alto. “Pues vaya música ha cogido la entrenadora, no la conoce ni Rita. A los jueces hay que empezar a ganárselos por el oido. Ni idea, de verdad”. Su compañera de asiento le apostilla. “Es como poner a esta, a la bajita que no se como se llama, con la cinta, Es que no me digas...tu has visto a la rusas de las olimpiadas alguna vez con la más bajita que empezara con la cinta? Pues en esas hay que fijarse!!” Cuando arrancan el ejercicio, resulta que Gloria -“la bajita de la cinta”- lo hace muy bien. Sin embargo, otra de las niñas ha cometido un pequeño error al recoger el aro al distraerse por oír las voces de alguien en tono crítico pese al volumen de la música. Cuando suenan los últimos acordes de la pieza se empiezan a escuchar aplausos, aunque los dos protagonistas del dialogo anterior aplauden sin mucho entusiasmo, uno de ellos casi con culpabilidad. Mira de reojo por si el otro le observa su reacción ya que su hija es la del fallo del aro. Sin embargo, la mamá de Gloria se pone en pie y no duda en gritar “muy bien todas, chicas! Muy bien!!”

Todos los que estamos leyendo estas líneas, imagino, podemos identificarnos con alguna de las conductas que aparecen en esos “casos”, tanto viendo el fútbol en casa por tv como en el estadio en alguna ocasión. Para predicar con el ejemplo, yo diré que hace poco me di cuenta de la cantidad de veces que, ejerciendo de segundo entrenador, reaccionaba ante algún error de nuestros jugadores dando al techo del banquillo con los nudillos, de manera similar a cómo la madre de la niña pianista se levanta del asiento.

Pero también, segurísimo, habéis animado como la madre de Gloria, “la bajita de la cinta”, en más de una ocasión a todo el equipo: aunque hayamos detectado el fallo de alguno les animamos a todos por su esfuerzo.

Además, todos los que estamos leyendo estas líneas sabemos dos cosas:

a) Que estos ejemplos tienen puntos extremos, fantasiosos. Pero en otros contextos, que no son una conversación con un turista, un concierto de piano o una competición de rítmica, esas conductas se dan.

b) Que en la historia que falta por contar de ese mismo domingo, Alexis tiene partido.

Entre todos podemos conseguir que Alexis, y como él cualquier niño o niña, no tenga que vivir cosas que no viven los que tocan el piano, aprenden un idioma o hacen otra cosa, por el mero hecho de jugar al fútbol.

Yo lo estoy intentando. He cambiado los golpes en el banquillo por un grito de ánimo a nuestros jugadores. No se si ese grito de ánimo servirá para algo, pero sí que se una cosa al respecto.

Lo que no servía, seguro, era lo del golpe con los nudillos al banquillo.

*Pd: lógicamente todos los nombres y casos de los niños son inventados al azar.

Equipo Infantil

Castigado sin clases.


Numero 12: Castigado sin clases

Estaba anoche tirado en el sofá viendo las Galerías Velvet (que es una serie que gusta mucho en mi casa, que no en mi caso) entre bostezos y de repente me manda un whatsapp mi hermano Fer. Me cuenta que mi sobrino va a dejar las clases de inglés. Le digo que por qué y me contesta que está sacando malas notas en matemáticas.

Sin decirle nada, saqué un pantallazo, je. Como pueden observar, utilicé bastantes veces el emoticono de la cara de Mesut Ozil.

Pero no hubo manera de convencerle del sinsentido. Ni “hablándole en psicólogo” diciéndole que el inglés no solo le servía para aprender ese idioma sino también como herramienta socializadora porque había hecho otras amistades, también contribuía a su desarrollo como persona y, además de todo le sirve para “descontextualizar” un poco el aprendizaje, es decir, para que se diera cuenta que aparte de en el instituto, uno puede formarse en otros ámbitos y de otras maneras.

Mi hermano me dijo que sí, que para mi la perra gorda. Y la teoría. Pero que hasta que el crío no aprobara matemáticas no había tu tía y no iba a ir más al inglés.

Pensé yo que, al fin y al cabo - tal y como os dije en la anterior entrega de número 12-, ni puedo ni debo meterme en cómo educa cada uno a su hijo/a. A mi, que también soy padre, siempre me ha molestado cuando alguien me dice “como no cambiéis esto, ya verás cuando crezca la niña”., por qué no decirlo.

Así que hoy vamos a hacer algo parecido a la vez anterior. Y con la misma premisa. El que quiera que reflexione y el que no, pues santas pascuas.

Vayamos por partes. Ni creo que nadie quite a su hijo de clases de inglés porque suspenda mates ni tengo un hermano varón. Fer es en realidad uno de los entrenadores del club que se ha prestado voluntario para poder sacar esa conversación.

Pero vosotros, que sois gente inteligente, ya veis por donde voy. Con el fútbol esto sí que pasa. Y me atrevería a decir que con el resto de actividades que se salen del plano puramente académico y parecen más de ocio (ballet, teatro, orientación...) también. Se castiga sin jugar al fútbol, o sin ir a ballet, a rítmica o a baloncesto como el que castiga sin paga, sin salir o sin jugar a la consola.

Y es curioso, porque el fútbol, o el baloncesto, o el ballet, también son actividades extraescolares con carácter formativo. Pero que además sacan de ellos compromiso personal, quizá más que cualquier academia. Y para que se comprometan más con otras cosas, les castigamos quitándoles compromiso0. Parece un trabalenguas, sí. Pero también algo contradictorio.

Yo no voy a utilizar esta tribuna en plan estrado para dar un mitin. Pero sí os voy a contar unos datos, para mí interesantes. Al preparar este texto, me di cuenta de algo curioso. Hasta la fecha no he encontrado ningún estudio que relacione las malas notas con la actividad deportiva controlada. Es decir, con ser parte de una escuela deportiva como la nuestra, o como otras de nuestro municipio, de fútbol o de cualquier otra actividad. No digo que no existan esos estudios, pero yo no los he encontrado.

En cambio sí que hay estudios que relacionan la práctica deportiva controlada con una mejora en el rendimiento académico. El otro día mismo, en un periódico nacional, citaban hasta tres estudios. Y estamos hablando de ciencia pura y dura, conviene recordar. No de opiniones mías ni de nadie. Esto son números.

En el primero de ellos, realizado por la Universidad de Vrije (Holanda) mostraban como el deporte suponía, una mejora en la función cardiaca y en los niveles de endorfinas repercutiendo todo ello en un beneficio cognitivo ya que mejoran las conexiones neuronales. O en castellano, el estudio demostró que cuando un niño hace deporte supervisado por un entrenador esto hace que tenga mejor salud, aumenten sus niveles de satisfacción y su cerebro trabaje mejor. Ahí es nada.

El segundo, realizado por el Observatorio de Estudios del Comportamiento de ESADE con el apoyo de Danone trae consigo un dato muy impactante. En la muestra que participó para realizarlo, un 40 % de los niños MEJORÓ SUS NOTAS al iniciarse en la práctica deportiva, amén de experimentar una mejora en el aprendizaje de valores y hábitos de vida saludable. Incluso los registros indicaban una mejora en el comportamiento tanto en casa como en el aula.

Y finalmente, otro dato impactante que nos trae un estudio de la Universidad Católica de Valencia. Según este trabajo, en el que participó incluso el Valencia CF, los niños que practican deportes de equipo desarrollan mejor capacidades cognitivas como la atención, suponiendo una mejora de hasta un 25 % en su rendimiento atencional. Es decir, los niños que hacían deportes de equipo mejoraron de manera muy significativa su capacidad de atención respecto a los que no.

Ahí tenemos tres estudios. No hay indicio alguno de bajada del rendimiento escolar. Más bien de lo contrario.

Incluso, y estamos ya a punto de finalizar el texto, cabe otra posible reflexión. Pensemos en las consecuencias a nivel conductual de tomar esa decisión de “castigado sin fútbol” para el pequeño, o no tan pequeño. En cierto modo, no solo estamos castigándole a él. Estamos castigando a su grupo, a sus compañeros. Y a los que trabajan para que ese grupo haga cosas. Y, peor aún, hacemos que pierda aprendizajes que los demás niños de su equipo sí van a poder adquirir.

Numero 12: Castigado sin clases

¿Y entonces qué se puede hacer? Se preguntará más de uno de nosotros con razón. Yo no creo que haya una receta mágica. Pero sí estoy seguro de una cosa, que se puede ir probando. Se puede tratar de cambiar (para mejorar) la organización del tiempo de nuestros hijos, se pueden ir buscando alternativas a la manera de estudiar en la medida de las posibilidades, incluso la manera de organizarnos nosotros como padres probablemente influya.

Desde luego es un tema complejo. Miren el niño de la foto de al lado. Habrá quien piense que, evidentemente, está estudiando. Habrá quien piense, como es mi caso, que el estar delante de un libro con ceño fruncido no implica necesariamente estar estudiando.

Y esto no lo digo por otra cosa más que por experiencia. Pero por experiencia como estudiante y como niño, no como psicólogo.

Hasta la próxima.


Pd: Unos penaltis y nos vamos (o enlaces para profundizar en el asunto).

Noticia con los tres estudios en “20 minutos”

Nota de Prensa sobre la investigación de ESADE y Danone

Noticia sobre el Estudio UCV

Artículo sobre este tema escrito por la psicóloga Yolanda Cuevas y publicado por el blog “La soledad del entrenador”

¿Que puede hacer la familia ante una lesión?


A todos, o a casi todos, los que leemos esta sección nos gusta el deporte. Pensamos en el deporte y lo asociamos a momentos de victoria, de superación, de éxito, de lograr metas. También, claro, pensamos en derrotas, en pequeños fracasos, en momentos en los que uno duda de si es correcto lo que está haciendo y sin embargo, sigue intentándolo. Hay quien piensa que la derrota, el fracaso, o como se le quiera llamar, es lo peor del deporte.

Yo no estoy de acuerdo. Por mi experiencia, creo que estoy en condiciones de afirmar que lo peor para un deportista es sufrir una lesión. Aparte de cuando yo mismo he estado lesionado o cuando lo ha estado alguien cercano a mi, creo que no hay peor escenario para un deportista, al nivel y la edad que se tengan. Un resultado te cambia, o te puede cambiar, cómo percibes la realidad: puedes pensar que eres “peor” de lo que en realidad eres en caso de haber sufrido una derrota, igual que puedes percibir que eres “mejor” en caso de alzarte con la victoria, por ejemplo. En ambos casos, se habla de manera subjetiva, depende de a qué factores se esté dando importancia en nuestro cerebro al pensar en esa victoria o en esa derrota (a esto en “psicólogo” se le llama estilos de atribución).

Numero 12: La cara B del deporte

Pero esa subjetividad se pierde cuando se produce una lesión cualquiera. La que sea. El niño o el adulto deportista ven súbitamente cómo esa realidad ha cambiado. En mayor o menor grado. Pero cambia cosas, y no pocas: en el mejor de los casos nos dificulta hacer lo que habíamos hecho -hasta el instante anterior a producirse la lesión- durante x periodo de tiempo. En el peor de los casos, imposibilita hacer esas cosas para siempre.

Cuando un deportista, al nivel que sea, sufre una lesión física, no solo experimenta esos cambios a nivel físico. Dependiendo de muchísimas variables, le afectará de un modo o de otro pero le influirá, seguro, a nivel psicológico. Porque, evidentemente, a uno se le plantean muchas cuestiones en la cabeza cuando su realidad cambia.. Desde el lógico ¿Cuándo podré volver a jugar? a preguntas mucho más complejas que, simplemente, solo pueden ser respondidas por el tiempo. ¿Podré volver a hacer lo que hacía tan bien como lo hacía? ¿Perderé mi status en el equipo? ¿Seguiré siendo el mismo?.

Y sin embargo, pese a todas estas cuestiones, tradicionalmente se tomaba el proceso de recuperación de las lesiones en deportistas de una manera un tanto mecánica. Tan mecánica que parecía que el deportista era un coche averiado: se le llevaba al taller/médico, le arreglaban o sustituían la pieza/músculo-hueso-ligamento y tras un periodo de recuperación, volvía a la actividad.

Todos sabemos que eso no es tan sencillo. Estamos hablando de personas. Y un coche no tiene sentimientos por mucho cariño que uno le pueda tener.

Y vosotros pensareis, “pero nosotros, salvo llevarle al médico o al fisio, qué podemos hacer?” Y yo os digo: muchísimo. En este proceso el papel vuestro, de las familias, es importantísimo. No es el único importante, pero eso no quita que sea importante. Ya hemos hablado aquí del papel fundamental que tenéis para vuestros hijos como referencia a la hora de construirse su visión del mundo. Y en ese momento en que alguien ve cómo su actividad habitual cambia, el papel del entorno cobra aún más protagonismo, porque dependiendo del caso podremos actuar en una dirección u otra para que ese proceso sea lo más llevadero posible. 

Para esta entrega de Número 12, hemos contado con una colaboración espectacular. Se trata de D. Aurelio Olmedilla, Profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Murcia, y que dentro de los nombres propios, tanto pioneros como de referencia, de la Psicología del Deporte en España es probablemente la mayor autoridad en nuestro país en lo que se refiere al trabajo de recuperación psicológica en deportistas. No en vano, ha trabajado con deportistas de altísimo (pero altísimo) nivel en nuestro país. .

Numero 12: La cara B del deporte

En otras palabras y haciendo un símil futbolístico, es como si hubiéramos invitado a Xabi Alonso a dar unos toques en nuestro jardín de casa y este hubiera aceptado. Muy agradecidos desde el club. Y yo personalmente.

Volvamos a lo que nos ocupa. Hoy vamos a tratar de daros una serie de consejos para que todo ese proceso no sea más duro de lo que ya puede llegar a ser.

* Normalidad

En primer lugar, el papel de la familia es fundamental para que el jugador, de la edad que sea, comprenda que la situación de lesionado no es ninguna excepción en el deporte, ni un estigma. Todos los deportistas del mundo han tenido alguna lesión en algún momento de su carrera y es solo un proceso transitorio en la inmensa mayoría de los casos. Algo tan sencillo como que su padre o su madre le diga “No eres un lesionado. Ahora estás lesionado” pone esta situación en un plano distinto radicalmente. Ese padre, esa madre, incluso ese hermano, está cambiando el contexto radicalmente. Le estás diciendo en 7 palabras:

  • Que esto es algo temporal
  • Que esto es superable
  • Que esto es algo absolutamente normal
  • Y sobre todo se le está diciendo implícitamente que esto lo va a superar. Se está enviando un mensaje positivo.

* No romper la relación con el equipo

Desde el ámbito familiar se puede, y si me apuran se debe, intentar que el futbolista no se aleje de la realidad del equipo. En este punto también es importante la aportación que pueda/podamos hacer el entrenador o cuerpo técnico al respecto, pero la familia (sobre todo en lesiones que afectan directamente a la autonomía a la hora de moverse) puede facilitarlo por ejemplo acercándose y acercándole a los entrenamientos y/o a los partidos en caso que el jugador no pueda desplazarse solo o parezca remiso.

Esto, si lo pensáis un poco, es algo parecido (en esquema sería lo mismo) a algo que realizan (o deberían) intentar cada club y equipo del mundo. Como prueba en los enlaces del final os dejamos link al documental “En el corazón de la Copa” emitido por RMTV. Más allá de las filias y fobias de cada uno, en él podéis ver cómo los entonces lesionados Sami Khedira, Álvaro Arbeloa, Cristiano Ronaldo y Marcelo parten junto al presidente del Club hacia Valencia antes de la Final de la Copa del Rey de este año frente al Barcelona El único ausente en la escena –físicamente- era Jesé, al que, como también podéis comprobar en el video los propios jugadores llamaron desde el vestuario de Mestalla una vez consumada la victoria.

* Punto y seguido. ¿Y si hacemos de la necesidad virtud?

El hecho de la lesión tiene un reverso positivo si sabemos aprovechar la circunstancia. ¿Cómo? Por ejemplo si le proporcionamos un apoyo que le favorezca otros aprendizajes el proceso puede resultar un gran reto que, una vez superado por el deportista, puede suponer tanto un grado de madurez importante para afrontar otras lesiones venideras como en otro tipo de cuestiones relacionadas con su vida. Por ejemplo, puede aprovecharse el periodo de inactividad para trabajar desde técnicas para la concentración o relajación hasta aspectos puramente futbolísticos. Y esto, que puede sonar muy rimbombante, en realidad no es tanto. Por ejemplo, al ver los partidos de su equipo desde fuera, favorecer la reflexión con preguntas tipo ¿por qué crees que nuestro equipo ha tirado más veces a puerta?.

* ¿Punto y aparte?

Hay un escenario que no quiero obviar, el de las lesiones muy graves entendiendo como tales las que, hablando en plata, te retiran del fútbol. Más de uno se preguntará ahora mismo: ¿cómo se puede ayudar a una persona que, por ejemplo, tiene una lesión que le obliga a dejar de competir? La respuesta es tan difusa como concreta. Con un poquito de cada uno de los anteriores apartados y sobre todo con el punto siguiente. Pero todos debemos tener en cuenta que el fútbol, si bien es imposible sin jugadores, no solo los concierne a ellos. La posibilidad de estar vinculado al fútbol no depende de ser jugador exclusivamente, y cuando una puerta se cierra otra se abre. A bote pronto se me ocurren como profesiones directamente relacionadas con el fútbol: preparador físico, entrenador, nutricionista, periodista, médico, fisioterapeuta, abogado... hasta psicólogos hay ya (je). Y el jugador, o en el peor de los casos ya exjugador, de entrada tiene un enfoque que no tiene cualquiera: Sabe lo que es el fútbol por dentro.

* Mano izquierda y sentido común

Como hemos señalado aquí más de una vez, para las cuestiones psicológicas relacionadas con el deporte, como para casi todo en la vida, no hay una receta mágica que nos indique el camino. Y tampoco existe en este caso. No le afecta lo mismo una lesión a un niño de 6 años que a un jugador de 17 con proyección, pero ni siquiera podemos asegurar que dos niños de 6 años lo afronten igual, ni dos profesionales de 30. Como esta sección va enfocada hacia vosotros, padres del fútbol base, lo que os proponemos es que reflexionéis sobre todos estos asuntos que muy probablemente os ha tocado afrontar ya, y utilicéis alguno de estos recursos si lo consideráis necesario, cuando lo consideréis necesario. Habrá jugadores que “necesiten” de un periodo de calma y reflexión, habrá otros a los que “venga mejor” mayor iniciativa familiar o de los amigos; Al menos hasta ciertas edades, los que mejor conocéis a vuestros hijos sois, sin duda, vosotros.

Y por supuesto, siempre que penséis que el tal psicólogo que os está hablando ahora mismo, o su entrenador, o alguien de la dirección deportiva pueda ser de ayuda, quedamos a vuestra disposición por las vías habituales.

Hasta la próxima entrega, números doce.


Unos penaltis y nos vamos (enlaces varios):

Estudio del propio Aurelio Olmedilla, Enrique Ortega y Jose María Gómez “Influencia de la lesión deportiva en los cambios del estado de ánimo y de la ansiedad precompetitiva en futbolistas”

Artículo de José Ángel Caperán en “Fútbol de Cabeza” sobre las posibles fases de una lesión

Documental en el Corazón de la Copa en RMTV

Articulo sobre Brian Clough en Wikipedia

Entrevista de un servidor a Xabier Azkargorta en la que entre otras cosas narra como vivió su paso a los banquillos tras una lesión grave siendo juvenil

¿Qué harás este finde?


Me comenta preocupado una persona habitual de las gradas de nuestro campo diferentes cosas que ocurrieron en nuestra estadio durante el pasado fin de semana. Ya que soy el psicólogo, que a ver qué. Ya saben, como si los psicólogos tuviéramos una varita mágica o algo así, pero vamos, le dije que me contara mas.

Por una parte esta persona me detalló como algunos espectadores (y no voy a entrar en qué les había llevado a la grada, si un grado de parentesco u otro motivo) tuvieron un comportamiento, y hablaremos utilizando eufemismos porque puede haber menores en la sala, digamos poco edificante. Entendiendo como tal, poner de vuelta y media al árbitro y a quienes compartían carga genética con él. A los de su sangre vaya. Todo esto ocurrió en partidos de los equipos de la cantera.

Mientras me comentaban esto, me vino a la cabeza el partido del primer equipo esta semana. El árbitro tomo algunas decisiones, cuanto menos, controvertidas. Y recibió una lluvia de insultos cuando pitó el descanso mientras se dirigía a su vestuario.

Con lo que pensé "igual eso no sirve para nada ni en la formación ni en la competición".

Al rato además recordé una noticia que había leído hace poco en la prensa sobre como en Holanda, un país que tiene su importancia dentro de la historia del fútbol de cantera por cierto, estaban desarrollando una iniciativa de "autoarbitraje" que consistía, principalmente en que los niños que juegan ejercían de árbitros de sus propios partidos. "La leche!" pensé. " ¿sería viable un fútbol sin árbitros?".

Pero también recordé como el tenista André Agassi hablaba sobre el asunto en su autobiografía (un libro muy duro, ya lo digo por si alguien quiere darle un tiento) ya que por lo visto es una práctica habitual en el tenis durante las etapas de formación. El propio Agassi recuerda en el libro como uno de sus primeros recuerdos del tenis el día que otro niño le ganó un torneo por una bola que le cantó como mala al propio Agassi, cuando según este y todos los presentes había sido buena de manera clara. Juzguen ustedes.

Si les importa mi opinión (que no tiene por qué) a mi me parece muy complicado que la iniciativa esta holandesa sirva de mucho, si les soy sinceros. Principalmente porque siempre puede haber algún niño influenciado por alguien de su entorno (no necesariamente un padre) que le diga que barra para casa. O que el propio niño piense "como le pite penalti y perdamos este partido es que soy tonto". Y sobre todo, creo que no pasa nada porque el niño asimile que hay un o una "mayor" con un silbato que es el que hace que se cumplan las normas.

Pero el tiempo dirá. Tampoco es eso lo que me preocupa.

La segunda cosa que me contó esta persona es que incluso se habían escuchado críticas tremendas (me hablan hasta de insultos) a jugadores en partidos de la cantera, tanto a los que llevan una franja roja cruzando la camiseta como a los del otro equipo. Recordé este video de aqui al lado.

Es entendible que los familiares y amigos de los jugadores no ven los partidos con la misma intensidad que un espectador neutral. Es entendible además que cuando estamos en grupo nuestro comportamiento cambia. Es entendible que no tenemos que ser perfectos y que es más difícil ser ejemplares a 180 pulsaciones por minuto.

Pero no es entendible que se justifique todo mientras, con perdón, se jode la experiencia de hacer deporte a vuestros hijos con el argumento de "es que el futbol es pasión y tal".

No. Eso no es pasión. Es simplemente descargar nervios. Llevo solo tres años en el club pero he vivido bastantes casos del estilo. Y ¿sabéis cual es la peor parte en todos y cada uno de esos casos? que el que paga las consecuencias es el jugador, el niño o la niña. Sea en el campo (porque esto hace que esté pendiente de cosas que no son el juego, amén que aún está por ver el caso del árbitro que cambió de criterio tras recibir insultos desde la grada), en el vestuario (porque se reconocen las voces y los compañeros no se van a quejar al padre, sino al niño) y luego fuera del campo imagino que también. En estos tres años no han faltado ocasiones de trabajar con padres. La más reciente hace solo un mes. Y no es ni la primera (ni de broma) ni será la última. Me juego un café.

Pero como digo una cosa les digo otra. Que los padres de este último caso lo han hecho de manera espectacular desde que tuvimos esa reunión. Le han dado la vuelta al calcetín. Y no, ni han dejado de acudir a los partidos, ni los viven con menos pasión, ni los reconocerán por estar distraídos leyendo o jugando con el móvil para distraerse con otras cosas en la grada. Pero ahora animan, a su hijo y al equipo. Donde antes había insultos y enfrentamiento, ahora hay ánimos y participación. Y ¿saben qué han conseguido? que su criatura disfrute mucho más. Juega sin una mochila de piedras a la espalda, sin el miedo de estar pensando "que papá no monte ningún numerito, por favor".

Y el mérito no es mío. Ni mucho menos. Es de ellos. Primero por ser valientes y asumir que tenían que mejorar. Y segundo por poner los medios para hacerlo.

Como nunca he hecho, ni haré, no pienso utilizar esto como púlpito diciendo si hay que hacer o dejar de hacer. Pero sí me permito ofrecerte una pregunta a ti que sigues cada partido de su equipo desde la grada.

¿Qué harás este finde?

Piénsalo. Es tu decisión.

Unos penaltis y nos vamos:

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